Chapter 4
Leo sacó de su pequeña mochila nueva la misma Biblia vieja de su madre. La abrió con cuidado y la puso sobre el regazo de Mateo.
“¿Quiere leer un poco, papá?”, preguntó el niño, con una sonrisa que iluminaba el mundo entero.
Mateo acarició la cubierta desgastada, sintiendo un nudo de felicidad en la garganta. Miró al niño que le había devuelto la fe, la esperanza y la luz de sus ojos.
“Porque para Dios no hay nada imposible. Lucas 1, versículo 37”, recitó Mateo de memoria, abrazando a su hijo con fuerza.
La peor ceguera no es la de los ojos, sino la del alma que se niega a creer. Y la cura más grande del universo no se encuentra en una chequera ni en un hospital, sino en el corazón noble de un niño y en la fe inquebrantable de que, incluso en la noche más oscura, Dios siempre tiene un propósito maravilloso esperando salir a la luz.
